A través de “Fight for $15” y el acompañamiento del Chicago Community and Workers’ Rights, Maria A y Maria D lograron transformar la incertidumbre individual en una denuncia colectiva con mayor fuerza y visibilidad.
Este es su testimonio:

“Llevamos alrededor de veinte años trabajando en el mismo McDonald’s en Cicero, Illinois. Durante todo este tiempo hemos preparado comida, limpiado, atendido clientes y sostenido con nuestro trabajo una de las marcas más reconocidas del mundo.
Pero detrás de esos años de trabajo también hemos vivido malas condiciones laborales, recortes de horas, discriminación y represalias. Para nosotras, perder horas o enfrentar cambios de horario no era simplemente un inconveniente: significaba poner en riesgo la estabilidad de nuestras familias. Por eso, durante mucho tiempo tuvimos miedo de hablar y denunciar.
Pero llegó un momento en que entendimos que no teníamos que enfrentar esto solas. Todo empezó a cambiar cuando conocimos el movimiento Fight for $15. Fue alrededor de 2012 o 2013 cuando empezamos a escuchar sobre nuestros derechos.
Un organizador se nos acercó en el estacionamiento y nos habló de la posibilidad de organizarnos por un salario digno y mejores condiciones.
Aprendimos incluso que podíamos hacer huelga sin ser despedidas, aunque después vinieron represalias: nos redujeron las horas a tres días por semana. Tuvimos que buscar apoyo legal para recuperar nuestras jornadas. Ahí entendimos que organizarnos sí podía generar cambios.
Sin embargo, los problemas seguían y uno de los más graves que vivimos durante muchos años fue el calor extremo en la cocina.
Pasamos entre 15 y 18 años trabajando sin un sistema adecuado de aire acondicionado o calefacción. Nos mareábamos del calor y, aunque lo reportábamos, solo recibíamos promesas vacías
A finales de 2023, motivadas por la problemática del calor extremo, nos acercamos a Chicago Community and Workers’ Rights y decidimos organizarnos para iniciar una demanda colectiva por discriminación y abuso laboral.
Organizarnos cambió nuestra lucha. Ya no éramos trabajadoras aisladas enfrentándonos solas a una corporación multimillonaria. Éramos trabajadoras construyendo poder juntas.
Hoy seguimos exigiendo que nuestras condiciones laborales sean investigadas y que nuestras voces sean escuchadas.
Hemos aprendido que romper el silencio también es organizarse. Porque cuando una trabajadora habla, otras descubren que no están solas”.
