El testimonio de María R subraya la necesidad de fortalecer los mecanismos de prevención, supervisión y sanción de la discriminación por edad en los centros de trabajo, así como de ampliar el acceso a información y recursos para las personas trabajadoras.
Este es su testimonio:

“Durante varios años trabajé en una pizzeria en Orland Park, Illinois. Como muchas trabajadoras inmigrantes, llegaba todos los días con la esperanza de salir adelante, sostener a mi familia y construir una vida más estable. Pero con el tiempo, ese trabajo comenzó a afectar seriamente mi cuerpo y mi salud.
Mi primer accidente ocurrió en 2021. Debido a la sobrecarga laboral, sufrí una caída que lastimó gravemente mi rodilla. Estuve un mes sin poder trabajar y, después del accidente, renuncié para intentar recuperarme. Pero meses después tuve que regresar porque necesitaba el ingreso. Para muchas trabajadoras inmigrantes, descansar no siempre es una opción cuando hay una familia que mantener.
Siempre sentí que me trataban diferente. Yo veía mucha discriminación hacia mí. Aguantaba porque necesitaba el trabajo y el dinero.
En noviembre de 2024 sufrí un segundo accidente laboral. La sobrecarga física y la falta de equipo adecuado para cargar objetos pesados afectaron seriamente mi espalda y mis brazos. El dolor se convirtió en parte de mi día a día mientras continuaba trabajando jornadas extenuantes.
Pero el dolor físico no era lo único que enfrentaba. También tenía miedo de perder mi trabajo, de sufrir represalias y de no tener suficiente dinero para cubrir mis gastos médicos. No conocía mis derechos laborales y muchas veces me sentía atrapada y sola.
Además, el racismo y la discriminación por el estatus migratorio siguen siendo una realidad en muchos lugares de trabajo. Estas situaciones no solo nos afectan emocionalmente; también hacen que muchas personas tengan miedo de hablar y defenderse.
Me hacían trabajar más, como si quisieran que renunciara por mi propia voluntad.
Todo comenzó a cambiar cuando un amigo me habló de Chicago Community and Workers’ Rights. Encontrar un centro de trabajadores me permitió hablar de lo que había vivido, conocer mis derechos y entender que no estaba sola.
Ahora creo que necesitamos más centros de trabajadores en los alrededores de Chicago para que más personas inmigrantes puedan conocer sus derechos y encontrar apoyo. También necesitamos espacios de trabajo libres de racismo y discriminación y llevar la información directamente a las fábricas y centros de trabajo mediante brigadas y volanteo comunitario.
Ya no tengo miedo. Ahora sé que aunque no tengamos papeles, merecemos respeto y tenemos derecho a recibir ayuda cuando sufrimos un accidente o somos discriminados.
Para mí, conocer nuestros derechos es importante, pero organizarnos y apoyarnos entre trabajadores es lo que nos permite transformar nuestras condiciones”.
