En 2025, cuando Adan G se acercó a CCWR por un asunto de abuso laboral que estaba experimentando en su lugar de trabajo. Aunque Adan nos narra que ya tenía muchos años de conocer a CCWR, su experiencia refleja la importancia de contar con organizaciones comunitarias que acompañen a las personas trabajadoras y de construir procesos más humanos y accesibles, donde las personas puedan recibir orientación directa y no queden atrapadas entre sistemas automatizados y plataformas difíciles de navegar
En 2025, cuando Adan G se acercó a CCWR por un asunto de abuso laboral que estaba experimentando en su lugar de trabajo. Aunque Adan nos narra que ya tenía muchos años de conocer a CCWR, su experiencia refleja la importancia de contar con organizaciones comunitarias que acompañen a las personas trabajadoras y de construir procesos más humanos y accesibles, donde las personas puedan recibir orientación directa y no queden atrapadas entre sistemas automatizados y plataformas difíciles de navegar.
Su testimonio nos recuerda que la justicia laboral debe ser accesible para todos.
Este es su testimonio.

“Llegué a Chicago en 1985. Como muchos trabajadores inmigrantes, he pasado décadas trabajando en limpieza y mantenimiento.Sin embargo, a lo largo de los años he aprendido que sí tenemos derechos y que vale la pena luchar por ellos.
Una de las experiencias más difíciles que viví ocurrió recientemente, en 2025, cuando un supervisor de una empresa de limpieza de Western Springs, Illinois
comenzó a tratarnos de manera abusiva. Antes de su llegada no había mayores problemas, pero él empezó a presionar a los trabajadores y a utilizar un lenguaje humillante. Recuerdo que nos decía cosas como: “Puedo hacer lo que quiera con ustedes. Si no les gusta, se pueden ir. Traigo a alguien más en diez minutos.”
Yo le respondí que, si no estaba satisfecho con mi trabajo, tenía derecho a reportarlo o incluso despedirme, pero que no tenía por qué faltarme al respeto.
Su comportamiento me hizo sentir impotencia y mucho coraje. Yo ya conocía a CCWR desde hace años, entonces en ese problema acudí a sus oficinas y ellos me apoyaron para comenzar con una denuncia por abuso laboral.
Esta no fue la primera vez que enfrenté abusos laborales. Años atrás, alrededor de 2010, trabajé para una empresa de limpieza donde descubrí que estaban manipulando las horas de trabajo y reteniendo pagos de horas extra.
En ese momento, acudí al Departamento de Trabajo, revisaron mi caso y me ayudaron a entender que la empresa no solo me estaba robando salarios, sino que además me estaba involucrando, sin saberlo, en prácticas que podían constituir fraude.
Gracias a esa denuncia, la empresa tuvo que pagarme alrededor de 14 mil dólares que me debía. Ese proceso me abrió los ojos y desde entonces, empecé a informar a otros trabajadores sobre cómo presentar quejas y a acompañar a personas que también estaban siendo afectadas por robo de salarios o abusos laborales.
Aun así, denunciar sigue siendo difícil. Antes los trámites eran más personales; uno podía acudir a una oficina y hablar directamente con alguien.
Ahora casi todo es por internet o por teléfono. Para personas como yo, que tuvimos poca educación formal y no dominamos la tecnología, eso se convierte en una barrera enorme.
Pero parte de lo que me ha ayudado ha sido el apoyo de organizaciones comunitarias como CCWR. Estos espacios son importantes porque orientan a los trabajadores, los acompañan en procesos complicados y les recuerdan que no están solos.”
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